jueves, 4 de agosto de 2022

Las colecciones de ciencia ficción (III): Emecé (primera parte), por Luis Pestarini

 


Emecé es una editorial argentina fundada en 1939 por los españoles Mariano Medina del Río (Eme) y Álvaro de las Casas (ce), que alcanzó notoriedad a partir de 1945 con la publicación de la colección de novelas policiales “El Séptimo Círculo” (el círculo de los violentos en La Divina Comedia), inicialmente dirigida por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Entre 1974 y 1978, Emecé publicó una colección de libros llamada de manera no muy original “Ciencia-ficción”, donde aparecieron algunos títulos de excelencia junto con otros productos más típicos de la línea “Grandes novelistas”, que publicaba best seller de la época, mayormente olvidados hoy en día. La tirada comenzó con 20.000 ejemplares, una cifra seguramente superada por algunos libros, y terminó siendo de “apenas” 6.000, números que hoy resultan asombrosos para libros del género. A continuación hacemos un repaso de los veintiocho títulos publicados.

 

1. Barjavel, René. Destrucción (Ravage, 1943) 1974. 268 p. Traducido por Francisco del Carril.


Autor de best sellers en los sesenta y setenta como Los caminos a Katmandú (1969) y El gran secreto (1973), Barjavel (1911-1985) incursionó en varias ocasiones en la ciencia ficción. Destrucción fue escrita y publicada durante la Segunda Guerra Mundial, y narra la caída y devastación de una sociedad de mediados del siglo XXI, hipertecnológica y deshumanizada, de la cual emerge una conservadora comunidad agrícola. Anacrónica por donde se la mire, Destrucción fue un mal comienzo para la colección.

 

2. Clarke, Arthur C. Cita con Rama (Rendezvous with Rama, 1973) 1974. 250 p. Traducido por Aurora C. de Merlo.

Esta es una de las novelas que más impacto tuvo en el momento de su publicación, ganando los tres grandes premios de entonces: Hugo, Nebula y Campbell. Un objeto perfectamente cilíndrico ingresa al Sistema Solar. En trayectoria rectilínea, queda claro desde el principio que es artificial. Una misión espacial toma contacto con Rama y recorre su interior, descubriendo sus misterios y enfrentando situaciones de riesgo. Tal vez lo más llamativo de esta novela de Arthur C. Clarke (1917-2008), además de la exuberante imaginación, es la impactante sensación de indiferencia de Rama hacia la Tierra y sus habitantes.

 


3. Fast, Howard. Un toque de infinito (A touch of intinity, 1973) 1974. 279. Traducido por Rolando Costa Picazo. Contiene: El aro. El precio. Cuestión de tamaño. Un agujero en el piso. La profesión del general Hardy. Razón vital. No de un golpe seco. El talento de Harvey. La mente de Dios. OVNI. Cephes 5. La semilla pragmática. El huevo.

Habitualmente se asocia el nombre de Fast (1914-2003) con novelas históricas como Espartaco o Ciudadano Tom Paine, pero fue un frecuente colaborador de las revistas de ciencia ficción, al punto en que su primera publicación fue en Amazing Stories en 1932, plena época pulp. A diferencia de sus otros dos libros de cuentos de ciencia ficción, El general derribó a un ángel y muy especialmente Al filo del futuro, los relatos de este libro tratan temas poco originales o con mensajes demasiado evidentes.

 

4. Edmondson, A. Mares peligrosos (Perilous seas) 1974. 258 p. Traducido por María Raquel Albornoz.

Es una curiosidad este volumen: si bien se supone que es una traducción del inglés (figura hasta la traductora), no existe una edición de la novela en esa lengua. Anne Edmonson tampoco tiene otros libros, ni de ciencia ficción ni de ningún otro género, lo que lleva a pensar que en realidad detrás de este nombre se esconde un autor argentino o, al menos, hispanohablante. Más allá de esto, la novela es poco relevante y describe un futuro cuasiutópico de la humanidad al que llega una persona que viene del pasado, aún así nuestro futuro.  Hay una gaffe llamativa en la contratapa para una editorial del nivel de Emecé: “[El protagonista] regresa a la Tierra después de 130 años, y es recibido por sus antepasados”. O sus antepasados eran muy longevos o cometieron la infantil acción de confundir antepasados con descendientes.

 

5. Gary, Romain. La exhalación (The gasp, 1973) 1974. 259 p. Traducido por Beatriz Ceppi de Zawells.

Gary (1914-1980) fue un personaje en sí mismo: diplomático e intelectual reputado, es el único escritor que ganó dos veces el premio Goncourt, que sólo se puede otorgar una vez a una persona. Lo obtuvo con su propio nombre y luego con un seudónimo. La polémica sobre la cuestión fue una de las más intensas en el medio cultural francés en el último medio siglo. La exhalación es la energía que liberan los cuerpos humanos al morir y que, más allá de las cuestiones teológicas y filosóficas que pueda desatar, se convierte en el objeto del deseo de las grandes naciones porque va a transformar de raíz el mercado energético.  Es más una novela de espionaje que de ciencia ficción.

 

6. Asimov, Isaac, comp. Los mejores cuentos de ciencia ficción (The Hugo winners, 1975) 1975. 258 p. Traducido por Thamara Hormaechea. Contiene: No tengo boca y debo gritar, Harlan Ellison. Voy a probar suerte, Fritz Leiber. ¡Arrepiéntete, Arlequín!, Harlan Ellison. Carne compartida, Poul Anderson. Alas para la noche, Robert Silverberg.

Primera parte del volumen original The Hugo Winners (la segunda es el número 19 de la colección), serie presentada por Asimov y que se encuentra publicada en su totalidad en la colección Gran Super Ficción de Martínez Roca. Cubre el período que va de 1962 a 1968. El nivel medio de los relatos es excelente.

 

7. Canning, Victor. El dedo de Saturno (The finger of Saturn, 1973) 1975. 277 p. Traducido por Lita Mourglier.


El dedo de Saturno no es un dedo extraterrestre sino que es una denominación poco difundida del dedo anular, el que lleva el anillo de matrimonio. Y es por ello el título del libro, ya que el protagonista investiga la misteriosa desaparición de su esposa durante dos años, quien, a su regreso, no tiene recuerdos de lo sucedido. Canning (1911-1986) fue un prolífico escritor inglés de novelas de misterio cuyo mayor éxito es que una de ellas fuera filmada por Hitchcock como La trama. La única explicación de la aparición de este libro en esta colección  es que su autor era un nombre frecuente en la colección “El séptimo círculo” y alguien pensó que si tenía a Saturno en el título debía ir a la colección de ciencia ficción.

 

8. Herzog, Arthur. El enjambre (The swarm, 1974) 1975. 263 p. Traducido por Estela Canto.

Lo más interesante de este libro es que está traducido por Estela Canto, escritora ella misma, amiga íntima de Borges y traductora de obras como En busca del tiempo perdido. Es poco probable que haya disfrutado traducir esta novela sobre abejas africanas asesinas que atacan Nueva York y otras grandes ciudades de Estados Unidos.  A mediados de los setenta estaba de moda en Hollywood el cine catástrofe con elencos multiestelares y este libro sirvió de base a una de estas películas. Herzog (1927-2010) publicó otros best sellers efectistas en los setenta y ochenta como Orca, la ballena asesina.

 

9. Brunner, John. Eclipse total (Total eclipse, 1974) 1975. 276 p. Traducido por Thamara Hormaechea.

 En 2020, un expedición recorre 19 años luz hasta alcanzar un planeta con restos arqueológicos de una civilización alienígena. Ocho años más tarde arriba un equipo de investigación que buscará descubrir qué fue de esta civilización. Como parte del grupo de protagonistas hay un militar boliviano autoritario y caricaturezco (no intencionadamente). Publicada en el período en el que el autor escribió sus mejores libros, no agrega nada a la muy extensa obra de Brunner (1934-1995).

 


10. Harrison, Harry. El invasor del tiempo (The Stainless Steel Rat saves the world, 1972) Emecé, 1975. 266 p. Traducido por María Raquel Albornoz.

Harrison (1925-2012) es uno de los escritores de ciencia ficción considerado por debajo de sus merecimientos. Su obra en español está dispersa en ediciones de calidad muy irregular, aunque al menos Bill, héroe galáctico, tal vez la mejor sátira que dio el género, y dos volúmenes de cuentos publicados por Minotauro, están disponibles en buenas ediciones. Esta novela es la tercera de la serie de la Rata de Acero Inoxidable, un embaucador, ladrón de bancos, aventurero y héroe ocasional, que en esta ocasión debe viajar en el tiempo porque la gente está desapareciendo porque alguien lo está manipulando. Para una lectura liviana, sin pretensiones, está pasable.

 

11. Silverberg, Robert, comp. Bestiario de ciencia-ficción (The science fiction bestiary, 1971) 1975. 252 p. Traducido por Thamara Hormaechea. Contiene: El hurkle es un animal feliz, Theodore Sturgeon. Abuelito, James H. Schmitz. La jirafa azul, L. Sprague de Camp. La máquina preservadora, Philip K. Dick. Una odisea marciana, Stanley G. Weinbaum. El sheriff de Canyon Gulch, Poul Anderson y Gordon R. Dickson. Los cáiganse muertos, Clifford D. Simak. Los gnurrs salieron del instrumento, Reginald Bretnor. Equipo de recolección, Robert Silverberg.

Los bestiarios eran eran obras que compilaban las descripciones de animales reales e imaginarios, y fueron especialmente populares en el Medioevo. Silverberg utiliza esto como excusa para presentar una serie de cuentos que tienen como protagonistas animales o seres no terrestres, una antología “temática” del tipo de las que fueron muy populares en Estados Unidos, en este caso con relatos publicados entre 1934 y 1957. Y se siente el paso del tiempo: algunas historias salen mejor paradas que otras, como “Una odisea marciana”, la más antigua del libro, o “La máquina preservadora”. El resto con altibajos pronunciados.

 

12. Page, Thomas. Invasión infernal (The Hephaestus plague, 1973) 1975. 303 p. Traducido por Eliana Carballude.

Novela mucho más interesante de lo que pintan la presentación y el título, el Hefesto del nombre en inglés es el dios de la fragua y el fuego. Luego de un terremoto en Carolina del Norte se abre la tierra y emergen unos insectos similares a cucarachas que pueden iniciar fuegos. Tienen una biología muy particular, sólidamente descripta en el libro por el entomólogo que se obsesiona con ellos. Fue filmada como Bug (1975), alcanzando cierto éxito. Page (1942) no es un escritor prolífico y ha publicado sólo un puñado de libros.

 

13. Priest, Christopher. El mundo invertido (Inverted world, 1974) 1976. 294 p. Traducido por María Raquel Albornoz.


Una de las novelas más originales del género y tal vez el punto más alto de la colección. En un mundo devastado, la ciudad llamada Tierra, construida en madera, debe avanzar su recorrido interminable sobre unos rieles que uno de los gremios de la sociedad monta a medida que avanza para, luego de pasar, desmontar. El norte, hacia donde se dirigen, es el futuro, el sur es el pasado. La ciudad huye de un campo gravitacional que la destruirá si la alcanza. En este escenario impecablemente montado se narra el rito de madurez de un muchacho. Priest (1943) ha mantenido una producción literaria de calidad, continua pero no abundante.

 

14. Hoyle, Fred y Geoffrey. Siete pasos al sol (Seven steps to the sun, 1970) 1976. 285 p. Traducido por Lita Mourglier.

Fred Hoyle (1915-2001) fue uno de los astrónomos británicos más importantes del siglo pasado, al punto de ser nombrado Caballero. Además de sus libros sobre temas de astronomía publicó casi veinte libros, entre novelas y colecciones de cuentos, donde aplicaba rigurosamente su conocimiento científico en un marco especulativo, la mayor parte de ellos escritos en colaboración, varios con su hijo Geoffrey (1942). Siete pasos al sol cuenta sobre los imprevistos viajes en el tiempo de un periodista, sin demasiada gracia ni originalidad.

miércoles, 3 de agosto de 2022

Si no tienes éxito desde el principio ¡que se vaya al infierno!, Charles E. Fritch

William Nolan (izq.) con Fritch.

Fritch (1927-2012) publicó numerosos cuentos de ciencia ficción y fantasía entre 1951 y 1999. Fue un fan del género y, además, editor de la revista Gamma en los años sesenta. Sus cuentos se caracterizaban por un humor liviano y la búsqueda de un golpe de efecto en el remate, como se puede advertir en este relato. Los más destacados están reunidos en Crazy Mixed-Up Planet (1969) y Horses' Asteroid (1970).

 William Nolan (izq.) con Fritch.

Editor

REVISTA DE FANTASÍA

Estimado señor, le envío un cuento corto, PACTO CON EL DIABLO, para su consideración. Una cuestión que no va a sorprenderle es que trata sobre un hombre que vende su alma al diablo. Una cuestión que sí puede sorprenderle es que, a diferencia de otros cuentos en su revista, este está basado en una experiencia personal.

Sinceramente, Peter Piper

 

MEMORANDO INTERNO REVISTA DE FANTASÍA

Ed:

Aquí hay uno que va directo a la pila de rechazados. La escritura no está mal, pero el tema es demasiado trillado.

Frank

 

MEMORANDO INTERNO REVISTA DE FANTASÍA

Frank:

No pienso publicar otra historia de pacto con el diablo por al menos noventa y nueve años.

Ed

 

 

De REVISTA DE FANTASÍA

Estimado Señor Piper:

Gracias por enviarnos su cuento PACTO CON EL DIABLO. Desafortunadamente, este tema está agotado y tendría que ser muy original en su enfoque para que lo consideráramos seriamente.

Los editores

 

Editor

REVISTA DE FANTASÍA

Estimado señor:

Revisé mi cuento enviado previamente de acuerdo a sus comentarios. Le remito PACTO CON UNA PANADERÍA DEL DIABLO. Sinceramente,

Peter Piper

 

MEMORANDO INTERNO REVISTA DE FANTASÍA

Ed:

Hay un giro interesante sobre el viejo tema. Pensé que te gustaría mirarlo.

Frank

 

MEMORANDO INTERNO REVISTA DE FANTASÍA

Frank:

Te equivocaste. La noción de que la comida del diablo en realidad es preparada por demonios que compiten con ángeles que hornean pastel de ángel, que yo sepa, no fue usada. Sin embargo, sigue siendo un cuento sobre un pacto con el diablo. ¡SABES lo que pienso de los cuentos sobre pactos con el diablo!

Ed

 

De REVISTA DE FANTASÍA

Estimado Señor Piper:

Gracias por hacernos llegar su cuento más reciente. Desafortunadamente, no es lo que estamos necesitando en este momento.

Los editores

 

Editor,

REVISTA DE FANTASÍA

Estimado señor:

Le envío un cuento en el que un trabajador de una planta empacadora queda atrapado sin darse cuenta en un contenedor de mariscos. Yo lo llamo EMBALADO CON EL PEZ DIABLO.

Sinceramente,

Peter Piper

 

MEMORANDO INTERNO REVISTA DE FANTASÍA

Ed:

Aquí hay otro cuento de Piper. ¿Crees que nos está tomando el pelo?

Frank

 

 

MEMORANDO INTERNO REVISTA DE FANTASÍA

Frank:

No, no, NO publicaré más historias de pactos con el diablo, ni siquiera si están disfrazadas. ¡Devuélvela!

Ed

 

De REVISTA DE FANTASÍA

Estimado Señor Piper, gracias por enviarnos el cuento. Sentimos que está lejos de lo que buscamos.

Los editores

 

Editor

REVISTA DE FANTASÍA

Aquí le envío uno que podría gustarle. Se titula TAN REDONDO, TAN FIRME, TAN COMPLETO (CON EL DIABLO).

Sinceramente,

Peter Piper

 

MEMORANDO INTERNO REVISTA DE FANTASÍA

Ed:

¿Insistente, no? ¿Qué le digo esta vez?

Frank

 

 

MEMORANDO INTERNO REVISTA DE FANTASÍA

Frank:

¿Podrías decirle que se vaya al infierno?

Ed

 

De REVISTA DE FANTASÍA

Estimado señor Piper, disculpe pero no podemos utilizar su cuento. La escritura es legible, pero una vez más el problema es el tema. ¿Hay alguna razón por la que insista en escribir relatos de pactos con el diablo?

Los editores

 

 

Editor

REVISTA DE FANTASÍA

Estimado señor, es gracioso lo que pregunta. La respuesta es sí. Trataré de explicarlo en el cuento que le envío, PETER PIPER FUE RECOGIDO EN EL PARQUE POR UN PACTO CON EL DIABLO. Como podrá sospechar, es autobiográfico.

Sinceramente,

Peter Piper

 

MEMORANDO INTERNO REVISTA DE FANTASÍA

Ed:

Ni siquiera te iba a mostrar este cuento. Pero luego me puse a pensar. Sé que es una locura, y probablemente él sea una especie de loco. . . pero ¿y si el diablo realmente lo está obligando a escribir cuentos sobre pactos con el diablo y tiene que publicar uno dentro de un límite de tiempo o su alma será arrebatada al Hades?

Frank

 

MEMORANDO INTERNO REVISTA DE FANTASÍA

Frank:

Nunca te lo dije antes, pero yo mismo tengo un pacto con el diablo: ¡No comprar más cuentos sobre pactos con el diablo! Eres la última persona que esperaba que fuera engañada por una artimaña como ésta. Dadas las circunstancias, mi sugerencia anterior parece más válida que nunca. Dile que se vaya al infierno.

Ed

 

Editor

REVISTA DE FANTASÍA

Estimado señor Piper, adjunto un memorando interno que explica en detalle los sentimientos de nuestro editor principal sobre el tema que parece haber elegido para la obra de su vida. Lo lamento.

Los editores

 

Editor

REVISTA DE FANTASÍA

Estimado señor, su sugerencia de que me vaya al infierno es superflua. Se me acabó el tiempo y no he vendido ningún cuento. Me imagino que le veré allí en persona uno de estos días. Hasta entonces,

Peter Piper

 

MEMORANDO INTERNO REVISTA DE FANTASÍA

Ed: Esta vez no envió ningún cuento. Sólo la carta. Tengo la extraña sensación de que no volveremos a saber de él.

Frank

 

MEMORANDO INTERNO REVISTA DE FANTASÍA

Frank:

Espero que tengas razón. ¿Puedes creer que estaba empezando a tener pesadillas con historias de pactos con el diablo? Que estaba estacionado con el diablo, o sobre un taxista cuyo pasajero tenía cuernos y una cola bifurcada. Luego estaba bebiendo con el diablo, dos hombres sedientos que se encuentran en un bar, y uno de ellos es ¿adivinen quién? Y luego le arrojaba el disco al diablo, era un jugador de hockey que no iba a ir al Hades hasta que el infierno se congelara. Etcétera. De todos modos, me siento muy aliviado. ¡Tal vez deberíamos mandar a más escritores al mismo lugar!

 

Lucifer Satán

REVISTA DE CUENTOS TERRESTRES

Hades

Estimado señor, estoy enviando un cuento que podría ser de interés para su revista.

Sinceramente,

Peter Piper

 

De

REVISTA DE CUENTOS TERRESTRES

Estimado señor Piper, si bien alentamos la presentación de cuentos de nuestros inquilinos más nuevos, no podemos usar el que nos envió. Hemos decidido que a menos que sean lo suficientemente originales, no vamos a publicar más cuentos sobre pactos con el editor.

Lucifer Satán

 

Tit. Original: If at first you don’t succeed, to hell with it!

Publicado originalmente en The Magazine of Fantasy & Science Fiction, August 1972.

Traducido por L. P.

lunes, 2 de mayo de 2022

Entrevista a Octavia E. Butler, por Stephen W. Spotts

 


Con un puñado de novelas y menos de una decena de cuentos, Octavia E. Butler (1947-2006) construyó una de las obras literarias más influyentes y cada vez más valorada de las últimas décadas. Su abordaje de temas como las relaciones interpersonales y de poder ofrecen nuevas e intensas perspectivas. Esta entrevista fue realizada telefónicamente en febrero de 1996.

Stephen W. Potts: Tu nombre ha estado apareciendo cada vez con más frecuencia en las publicaciones académicas dedicadas al estudio serio de la ciencia ficción. ¿Lees las reseñas o la crítica literaria de tu obra?

Octavia E. Butler: Lo hago, pero tiendo a molestarme. No cuando estoy en desacuerdo con la interpretación que hace alguien, sino cuando me queda claro que no leyó el libro completo. No me disgusta cuando están fácticamente equivocados sobre algún incidente, lo que le puede pasar a cualquiera, pero lo estoy cuando están errados en algo de importancia. Por ejemplo, alguien escribió una reseña de Parábola del sembrador que decía: “Oh, la religión Semilla Terrestre es tan acogedora como el Cristianismo”, y yo pensé que esta persona no debía haberse esforzado en leer los versos de Semilla Terrestre y sacó esa conclusión del título.

SWP: Pregunto porque una parte sustancial de la teoría literaria moderna está obsesionada con las relaciones de poder y sobre el cuerpo humano como un lugar de conflicto: entre hombres y mujeres, entre clases y razas, entre pueblos imperialistas y coloniales. Estas cuestiones se entrecruzan armoniosamente con los temas en discusión en tu ficción. Me preguntaba si estabas familiarizada de alguna manera con la teoría cultural.

OEB: Ah. No, evito toda teoría crítica porque me preocupa que influence mi trabajo. Quiero decir, no me preocupa que la no ficción en general se meta en mi obra —de hecho, espero que lo haga— pero si me preocupa que la crítica me influencie porque puede crear un círculo vicioso o algo peor. Es sólo una impresión de mi parte pero, en ciertos casos, críticos y autores parecen estar masajeándose entre sí. Eso no es muy bueno para la narrativa.

SWP: La primera obra tuya que leí fue “Hija de sangre” en su edición original en la revista Asimov’s. Recuerdo quedar particularmente impresionado por cómo habías tomado el monstruo invasor de grandes ojos, de la ciencia ficción clásica, y lo habías convertido en una figura maternal y seductoramente acogedora.

OEB: Esa es básicamente una historia de amor. Hay muchas formas diferentes de amor en ese cuento: amor familiar, amor físico… El alienígena necesita del muchacho para procrear, y se lo hace más fácil al mostrarle afecto y ganarse su agradecimiento. Después de todo, ella va a tener sus hijos con él.

SWP: De hecho, lo embaraza.

OEB: Exacto. Pero muchos críticos la leyeron como una historia sobre la esclavitud, probablemente porque soy negra.

SWP: Te iba a preguntar más adelante sobre hasta dónde tu obra trata sobre la esclavitud.

OEB: En los únicos lugares en los que escribo sobre la esclavitud es donde lo hago explícitamente.

SWP: Como en Parentezco.

OEB: Y en Mind of My Mind y en Wild Seed. Lo que intenté hacer en “Hija de sangre” fue algo diferente a la historia de la invasión. Muy a menudo se pueden leer novelas sobre humanos colonizando otros planetas y se ve que la historia toma uno de estos dos cursos: que los alienígenas se resistan y tengamos que conquistarlos con violencia, o que se subordinen y se conviertan en buenos sirvientes. En el último caso, estoy pensando en una novela específica, pero no quiero mencionarla. A mi no me gusta ninguna de estas dos alternativas, y quería crear una nueva. Me refiero a que se supone que la ciencia ficción tiene que explorar nuevas ideas y posibilidades. En el caso de “Hija de sangre”, creé un alienígena que fuera diferente de nosotros, pero todavía reconocible: una criatura al estilo centípeda. Pero no se suponía que la consideraran el mal.

SWP: Algo similar sucede en la trilogía “Xenogénesis” ¿no? Cuando enseñaba esos libros en mis clases universitarias, descubrí un desacuerdo sobre cuál es la peor especie, los humanos o los oankali. La humanidad tiene esta debilidad jerárquica, particularmente en los machos, pero los oankali son los usuarios definitivos, adaptando no sólo el genoma humano entero para sus propios propósitos sino que además terminan destruyendo el planeta para el resto de las especies. ¿Se supone que debemos encontrar aquí un equilibrio de defectos?

OEB: Ambas especies tienen sus fortalezas y debilidades. Hay pequeños grupos de humanos violentos, pero no vemos a todos los humanos desenfrenados como resultado de su Contradicción. En su mayor parte, los oankali no fuerzan o apresuran a los humanos a aparearse sino que intentan atraerlos gradualmente. En realidad, en Ritos de madurez, el constructor Akin convence a los oankali de que no pueden destruir a los seres humanos que se reusen a participar. Los oankali deciden que los humanos se merecen un mundo intacto para ellos mismos, incluso si es Marte.

SWP: En los casos tanto de los humanos como de los oankali, ofreces argumentos sociobiológicos para explicar sus conductas: los humanos están inclinados a destruirse a sí mismos y a los demás, lo oankali están biológicamente conducidos a cooptar el genoma de otras especies y literalmente robarse sus biósferas. ¿Compartes mayormente los principios sociobiológicos?  

OEB: Algunos lectores me ven como totalmente sociobiológica, pero eso no es cierto. Creo que es necesario aceptar que nuestro comportamiento está controlado en algún punto por las fuerzas biológicas. A veces un pequeño cambio en el cerebro, por ejemplo —apenas unas pocas células—puede alterar por completo el comportamiento de una persona o un animal.


SWP: ¿Estás pensando en los libros de Oliver Sacks, como El hombre que confundió a su esposa con un sombrero?

OEB: Exacto. O el hongo que provoca que las hormigas tropicales escalen árboles para esparcir sus esporas, o la enfermedad que hace que el ñu pase sus últimos días caminando en círculos. Pero yo no acepto lo que llamaría sociobiología clásica. A veces podemos evitar nuestra programación si la comprendemos.

SWP: La explotación de la reproducción y, por extensión, de la familia aparece en cierto número de tus obras. Doro en las novelas de la serie Patternist está criando una raza superior y usa lazos familiares con heroínas como Anyanwu en Wild Seed y Mary en Mind in my Mind para ayudar a mantenerlas bajo control. Reproducción y familia son cruciales en la relación en “Hija de sangre” y entre los humanos y oankali en Xenogenesis. ¿Te enfocaste intencionalmente sobre cuestiones reproductivas y familiares como un tema central, o simplemente sucedió?

OEB: Tal vez como mujer no puedo dejar de marcar la importancia de la familia y la reproducción. No sé cómo se sienten los hombres sobre esto. Aún cuando no tengo esposo ni hijos, tengo otra familia, y me parece nuestro más importante conjunto de relaciones. Es en gran parte lo que somos. Tampoco es necesario que la familia se conforme sólo por relaciones exclusivamente biológicas. Conozco familias que han adoptado individuos externos, y no me refiero a niños legalmente adoptados sino adultos, amigos, personas que simplemente ingresan en tu familia y ahí se quedan. Los lazos familiares incluso pueden sobrevivir a abusos realmente terribles.  

SWP: Por supuesto, muestras el poder de semejantes lazos operando en alguna dirección; por ejemplo, Anyanwu en Wild Seed y Dana en Parentezco: ambas finalmente sacan ventaja del hecho de que sus respectivos “maestros” las necesitan.

OEB: Ellas no reconocen a estos hombres como sus maestros.

SWP: Puse la palabra entre comillas. ¿Estás sugiriendo que la gente en posiciones de subordinados debería reconocer y explotar el poder que tienen?

OEB: Haces lo que tienes que hacer. Haces el mejor uso de cualquier tipo de poder que tengas.

SWP: Incluso vemos que los humanos tienen más poder del que creen sobre lo oankali. Especialmente con el constructo ooloi en Imago: no tienen identidad sin los machos humanos. Aaor lo convierte en una babosa.  

OEB: Los constructos son un experimento. No saben lo que van a ser, o cuándo va a suceder. Y no necesitan a los humanos específicamente, aunque los prefieren; pueden establecer vínculos con todo. Pero tienen que intimar.

SWP: Me gustaría volver un poco a tu historia literaria. ¿Quiénes fueron tus influencias cuando eras una aprendíz de escritora?

 OEB: Leía un montón de ciencia ficción sin ningún tipo de discriminación cuando estaba madurando. Me refiero a buena, mala u horrible [risas]. No me importaba. Recuerdo prenderme de algunos y leer todo lo que pudiera encontrar, de gente como John Brunner, que escribió mucho. Podía tomar un Ace Double[i] en una librería de usados por centavos, así que siempre estaba leyendo a John Brunner. Y a Theodore Sturgeon… para cuando estaba leyendo ciencia ficción para adultos, él tenía una obra considerable. Y por supuesto, Robert A. Heinlein. Puedo recordar mi primer cuento de ciencia ficción adulta, un cuento llamado “Lorelei of the Red Mist”. Si no estoy equivocada, fue el primer cuento publicado de Ray Bradbury. Leigh Brackett lo comenzó y él lo terminó[ii].

SWP: ¿Puedes pensar en alguien por fuera de la ciencia ficción?

OEB: Me inclinaba a leer cualquier cosa que estuviera en casa, lo que significó que leí un montón de cosas raras. ¿Quién era ese tipo que solía escribir sobre los clubes de hombres todo el tiempo? John O’Hara. Era Marte para mí. Me gustan las novelas de misterio británicas del período de entreguerras por la misma razón. Tienen lugar en Marte; eran de mundos distintos.

SWP: ¿Podríamos suponer que, dado que John O`Hara escribe sobre la cultura blanca de la clase alta, su mundo sería casi tan alienígeno para ti como los de la ciencia ficción?

OEB: Completamente. Había un libro con sus cuentos en casa, como también libros de James Thurber y James Baldwin.Yo no leí nada de Langston Hughs hasta que fui adulta, pero recuerdo ser arrastrada por él y Gwendolyn Brooks. Cuando estaba madurando, los únicos negros con los que cruzabas en la escuela eran esclavos —que siempre eran tratados bien— y después, cuando llegamos a ser individuos, Booker T. Washington y George Washington Carver. Booker T. Washington fundó un instituto, y Carver hizo algo con los maníes; nunca supimos qué. Nunca leíamos algo de un escritor negro excepto The Creation de [John Weldon] Johnson, y eso fue en la escuela secundaria. Nos las arreglamos para atravesar la adolescencia sin que nos introdujeran en ninguna cultura negra.

SWP: Pertenezco a la misma generación, y recuerdo que no fue realmente hasta los setenta en que comenzamos a abrir el canon. En realidad, este tema es todavía controvertido, juzgado desde la llamada “guerra cultural” sobre cuán inclusivo debería ser el canon o si siquiera deberíamos tener uno.

OEB: Sí, es muy malo cuando… bien, había una persona a la que respetaba mucho, pero no pudo encontrar una sola persona negra para poner en el canon, así que dejé de respetarla de modo muy contundente.

SWP: En la superficie, Parábola del sembrador parece un cambio de dirección con respecto a tu obra anterior.


OEB: En realidad no. También es fundamentalmente sobre el poder social.

SWP: Pero es mucho más una extrapolación cercana de las tendencias actuales: la creciente brecha entre las clases sociales, el miedo al crimen, el caos de las ciudades extendiéndose a los suburbios, las fuerzas centrífugas desgarrando nuestra sociedad.

OEB: Sí. Realmente me angustia que veamos estas cosas sucediendo ahora en la sociedad estadounidense cuando no debería ser así. Algunas personas insisten que todas las civilizaciones tienen su auge y su caída —como la británica antes que la nuestra— pero hemos provocado esto nosotros mismos. Lo que ves hoy ha sucedido antes: unos pocos poderosos quedándose con todo con la aprobación de una clase debajo de ellos que no tiene nada que ganar y sí mucho que perder como resultado de eso. Es como la Guerra Civil: la mayoría de los hombres que pelearon para mantener la esclavitud en realidad estaban siendo perjudicados por ella. Como granjeros no podían competir con las plantaciones, y ni siquiera podían ofrecerse como trabajadores para competir con los esclavos que les salían mucho más baratos a los patrones. Pero de todos modos apoyaban el sistema de esclavitud.

SWP: Probablemente se oponían a una discriminación positiva.

OEB: [risas] Correcto. Supongo que muchas personas sólo necesitaban a alguien para sentirse superiores y sentirse mejor. Ves a los estadounidenses haciendo eso ahora, desgraciadamente, mientras votan contra sus propios intereses. Es un tipo de cortoplacismo que nos está destruyendo.

SWP: ¿De algún modo estos problemas son propios de la sociedad estadounidense?

OEB: Oh, no, por supuesto que no.

SWP: Estaba seguro de que dirías eso.

OEB: Estamos viendo una forma particular estadounidense, pero mira a la Unión Soviética. En cuanto apareció el capitalismo, fue asombroso lo rápido que desarrollaron el problema del crimen. Desafortunadamente, la mayoría de los capitalistas más exitosos ahora parecen ser los criminales.

SWP: Lo que es irónico porque en la teoría marxista soviética la clase capitalista estaba asociada con la clase criminal.

OEB: Ese puede ser el problema. Estamos metiéndonos en un territorio muy turbio: escuché de un anciano en Rusia que trató de convertir su granja en una empresa privada exitosa, pero llegaron sus vecinos y destruyeron sus esfuerzos. Él no era un criminal, pero para ellos ese tipo de conducta individualista que buscaba sacar réditos era criminal. Supongo que para tener éxito en Rusia tienes que tener a alguien que (a) no le importe lo que piensen sus vecinos y (b) tenga un guardaespaldas. Y si estás en esa posición probablemente seas un criminal.

SWP: Volviendo a Parábola del sembrador, Lauren Olamina es empática…

OEB: Ella no es empática. Ella cree que lo es. Generalmente en la ciencia ficción “empático” significa que realmente estás sufriendo, que interactúas activa y telepáticamente con otra persona, y ella no lo hace. Tiene la ilusión de que no puede estar afectada. Es algo programado biológicamente en ella.

SWP: Interesante. Entonces ¿qué está pasando, digamos, cuando siente el dolor del perro herido que termina matando?  

OEB: Oh, inclusive si no es así, ella lo siente. En el primer capítulo del libro ella habla sobre su hermano haciéndole bromas —haciéndole creer que estaba lastimado, o que estaba sangrando, haciéndola sufrir. Realmente me ha provocado desazón que haya gente que afirma que Lauren es telépata, que insista en que ella tiene este poder. Lo que ella tiene es una ilusión bastante devastadora.

SWP: ¿Entonces deberíamos tener una distancia irónica de ella?

OEB: No.

SWP: Sin embargo deberíamos identificarnos con ella.

OEB: Tengo la esperanza que los lectores se identificarán con todos mis personajes, al menos mientras están leyendo.

SWP: A través de Semilla Terrestre, Lauren tiene la esperanza de recuperar un sentido de objetivo comunitario y tiene la intención de que los ojos de las personas vuelvan a las estrellas. Eso me hace pensar: el programa espacial de los sesenta realmente fue parte de la esperanza general de la década, parte de nuestra sensación de que todo era posible si luchábamos juntos como un todo.

OEB: Y esa fue la década de mi adolescencia. Seguimos tocando la misma grabación. Antes hablaba sobre eso: comenzamos algo y luego lo hacemos crecer hasta cierto punto y entonces se destruye a sí mismo o lo destruye alguien de afuera… ya sea, Egipto, Roma o Grecia, este país o Gran Bretaña, pon el ejemplo que quieras. Siento que vamos a continuar tocando el mismo registro hasta que todo explote —y lo digo en el libro, aunque no con estas palabras— o vamos a tener que hacer algo distinto. Y creo que la mejor manera de hacer algo distinto es ir a algún lugar donde las demandas sean distintas. No porque vayamos a un lugar nuevo y vamos a cambiar, sino que al ir a ese lugar nos vimos obligados a cambiar.  

SWP: ¿Crees que seremos mejores por ese cambio?


OEB: Es posible. Podríamos ser mejores o podríamos ser peores. No hay una póliza de seguro.

SWP: Supongo que podemos esperar otro libro que retome el final de Parábola del sembrador.

OEB: Parábola de los Talentos es el libro en el que estoy trabajando ahora.

SWP: Será interesante ver hacia donde llevas la historia.

OEB: Bueno, en Parábola del sembrador yo me enfoqué sobre los problemas: las cosas que estábamos haciendo mal, que pensábamos que estábamos haciendo mal, y adónde podían llevarnos estas cosas. Hice un verdadero esfuerzo sobre lo que realmente podría suceder o ya estaba sucediendo: las comunidades amuralladas, el analfabetismo, el calentamiento global y muchas cosas por el estilo. En Parábola de los Talentos quiero darles a mis personajes la oportunidad de trabajar en las soluciones, digamos “¡Aquí está la solución!”

SWP: Parábola del sembrador fue publicada por una pequeña editorial (Four Walls Eight Windows), como lo fue Hija de sangre y otros cuentosParentezco también fue reeditada por otra pequeña editorial (Beacon). Siendo una exitosa escritora de ciencia ficción ¿qué te hizo volcarte hacia editoriales menos comerciales?

OEB: Probablemente había alcanzado algún tipo de meseta en la ciencia ficción, y no podía ver cómo salir de ahí. Sabía que tenía al menos tres audiencias, pero no podía conseguir que mi editor de ciencia ficción le prestara alguna atención. No podía decirles todo el tiempo sin que respondieran “Sí, tienes razón” y luego partían a hacer otra cosa. Sabes, la mejor forma de ganar una discusión es dar la razón y luego olvidarte del tema. Yo quería intentar con una de las grandes editoriales que no están asociadas normalmente con la ciencia ficción, y entonces apareció mi agente con esta pequeña editorial. Pensé en aprovechar la oportunidad.

SWP: ¿Te gustaría derribar algunos de los muros entre los géneros editoriales?

OEB: Oh, eso no es posible. Ya sabes cómo somos; si terminamos con algunos, inventaremos otros.

SWP: Pregunto en parte porque noté que Beacon Press publicó Parentezco como un libro en su colección de “Escritoras negras”.

OEB: Sí, te mencioné que tenía tres tipos de lector: los de la ciencia ficción, los negros y las feministas.

SWP: Y ser rotulada en una de esas categorías no te molesta.

OEB: Bueno, allí están, como lo estoy diciendo, y no hay nada que se pueda hacer sobre eso.

SWP: Recuerdo que durante la New Wave de los sesenta…

OEB: Oh ¿dónde quedó eso ahora?

SWP: —Yo estaba entre los que creían que la ciencia ficción se dirigía hacia la vanguardia de la literatura.

OEB: Bueno, una parte se fundió con el mainstream. En otros casos, había personas que no llamaban “ciencia ficción” lo que estaban haciendo. Me refiero a que Robin Cook no anunciaba que estaba haciendo ciencia ficción médica ni Dean Koontz publica su obra como ciencia ficción. Y hay un montón de personas que escriben ciencia ficción aunque la expresión no aparece en ninguna parte del libro. No significa que no les guste la ciencia ficción sino que quieren tener una buena vida.

SWP: Como señalé al principio, tus enfoques sobre el poder, el género y la raza coinciden con muchos de los intereses de la actual teoría literaria, y tu raza y género inevitablemente aparecen en las críticas literarias de tu obra. ¿Ser una mujer afroamericana influyó en tus elecciones de temas y acercamientos?

OEB: No creo que pudiera ser de otra manera. Todos los escritores están influenciados por quiénes son. Si eres blanco, podrías escribir sobre ser chino, pero introducirías un montón de cosas que tienen que ver con lo que eres.

SWP: No puedo dejar de notar —como tú misma observaste en tu ensayo “Obsesión positiva”— que eres única en la comunidad de la ciencia ficción. Si bien hay muchas más mujeres en el género de lo que había hace treinta años, pocas son afroamericanas, ni siquiera puedo pensar en otra.

OEB: He escuchado de algunas que han publicado cuentos. Las que realmente están escribiendo libros no se llaman a sí mismas escritoras de ciencia ficción, lo que es un acierto porque en realidad escriben terror o fantasía. Por ejemplo, la mujer que escribió las historias lésbicas de vampiros, las de Gilda, Jewelle Gómez… no es una escritora de ciencia ficción sino de fantasía, pero es parte de la familia. Pero no creo que ni siquiera presente su obra de esa manera.

SWP: ¿Crees que todavía hay mucha gente que tiene la impresión de que la ciencia ficción es básicamente un género de hombres blancos?

OEB: Sí. De hecho, a veces cuando hablo a un público general se sorprenden que haya un montón de mujeres en la ciencia ficción. Porque tienen una noción bastante instalada de lo que es la ciencia ficción; provenga esta de la televisión o la recogan de alguna manera del aire, del ambiente.

SWP: ¿Algunos consejos para la comunidad de la crítica de la ciencia ficción sobre cómo aproximarse a tu obra?

OEB: Oh, no ¡por Dios!

SWP: [risas]

OEB: Tan lejos como llegue la crítica, lo que un lector saca de una obra es tan importante como lo que yo puse en ella, así que no me molesto cuando soy malinterpretada. Excepto cuando dicen lo que realmente quería decir era esto y aquello, y me dicen: “Oh, pero inconscientemente debes haber querido decir esto”. Entonces digo: ¡déjenme sola! [risas] No me importan los intentos de interpretar mi ficción, pero no quiero tener críticos que interpreten mi subconsciente. Dudo que estén calificados para ello.

 Traducido por L. P.



[i] Entre 1952 y 1973 Ace Books publicó más de 200 de estos libros, que contenían dos novelas en formato inverso: lo que debería ser la contratapa de una de ellas era en realidad la tapa de la otra, con el texto invertido. Allí aparecieron autores como Dick o Simak a otros que no pasaron a la historia. (N. del T.)

[ii] Éste no es el primer cuento publicado por Bradbury: ya tenía decenas de cuentos en revistas cuando apareció en 1946. El primer relato profesional lo publicó en 1939. (N. del T.)