domingo, 29 de noviembre de 2015

Entrevista a Tarik Carson publicada en Cuásar nº 18 (febrero de 1989)




Tarik Carson tiene más aspecto de joyero refinado que de escritor. Tal vez esto sea efecto de sus años dedicados a la orfebrería. Prematuramente canoso, tiene modos delicados y hablar lento. Uno no se lo puede imaginar violentándose por alguna situación que escape a su dominio.
            Tarik nos atendió en su casa –donde también está su taller-, donde hablamos de su carrera, del metier del escritor y de la ciencia ficción en general.
Cuásar: ¿Cómo se inició tu carrera literaria?
TC: Fue hace veintidós o veintitrés años. Empecé escribiendo literatura realista; hacia 1970 comenzó a interesarme la literatura fantástica, pero recién a principios de los ochenta me acerqué a la ciencia ficción. En 1966 escribí la primera de mis tres novelas. A todas ellas, al igual que a muchos de los primeros cuentos, los destruí, pero me sirvieron para aprender a escribir.

Cuásar: ¿Formaste parte de algún movimiento literario?
TC: Los críticos siempre tienen sus teorías, pero creo que todo es completamente individual. Por entonces no había nada conformado, nada sistemático como aquí se está dando alrededor del Círculo Argentino de Ciencia Ficción y Fantasía.
Cuásar: Ángel Rama habla de “Los Raros”.
TC: Sí, incluía a Felisberto Hernández, y ahora a Mario Levrero, pero creo que es un grupo demasiado reducido como para considerarlo importante. Estos grupos siempre se conforman un poco a pesar de uno mismo, uno no quiere integrarse a un movimiento así. A mí lo que me interesaba era la parte estética de lo fantástico. El primer escritor que me abrió la puerta a lo fantástico fue Borges. Después de leerlo me transformé en otro autor. Eso fue hacia 1970.
Cuásar: En El hombre olvidado ya se nota la influencia de Borges.
TC: Sí, sobre todo en algunas técnicas literarias; pero no en el lenguaje, porque me hubiera resultado algo muy difícil. Borges es fuertísimo y demasiado personal, y cuando uno lo lee siempre se nota en lo que escribe después.
Cuásar: ¿Qué repercusión tuvo El hombre olvidado?
TC: Fue bien recibido por la crítica y todavía es un libro buscado. Pero al poco tiempo de editado se produjo el golpe militar en Uruguay y, como tenía algunas cosas un poco violentas como “Por la patria”, el editor y los libreros lo retiraron. En ese momento detuvieron a una escritora que había ganado un concurso con un cuento medio pornográfico, y estuvo presa como cinco años, lo que desató una verdadera psicosis.
Cuásar: ¿Qué significó ese libro para vos?
TC: El primer libro siempre es importante para el escritor, sobre todo para desilusionarle. Cuando te publican tu primer libro pensás que vas a lograr mucho con eso y, bueno, casi nunca se consigue nada, no en un plazo inmediato. Entonces están los que se desaniman y dejan de escribir, y los que siguen a pesar de todo.
Cuásar: ¿Por qué viniste a Argentina?

TC: Porque estaba cansado de la dictadura. La gente tenía mucho miedo y, aunque yo no tuve ningún problema directamente con los militares, podría haberlos tenido por algunos cuentos que había escrito. Entonces planee todo y justo cuando llegué aquí dieron el golpe. Salí de un mal lugar y me metí en otro peor, pero ya no me iba a ir. Desde entonces hice un poco de todo, incluso trabajé en una lechería. Después aprendí orfebrería y todavía sigo en eso. No volví a escribir hasta 1980. Me resultó muy difícil la adaptación.
Cuásar: Para un escritor como vos, que proviene de la literatura general ¿qué significa publicar en una revista de ciencia ficción que apenas llega a tiradas de 300 ejemplares?
TC: Antes que nada, cuando uno escribe, lo hace para publicar. Yo quisiera publicar en una editorial grande, pero en ellas no hay lugar para mí, no suelo cultivar relaciones públicas y para publicar allí hay que hacerlo, no importa el valor de lo que escribas.
Cuásar: ¿Qué percibís de distinto entre el público de las revistas de “literatura” y el de las de ciencia ficción?
TC: En el nivel en que estoy yo, donde todavía no hay una gran difusión como pueden ofrecer revistas importantes como Crisis o Fin de siglo, cuando no se puede conocer la respuesta de 5 o 10 mil lectores, no se recibe nada. Pero incluso en las revistas grandes uno no recibe nada, ni siquiera satisfacción emocional. Al menos a mí me pasa eso. Lo que ocurre es que uno escribe porque le gusta, así como juego al ajedrez y sé que en eso voy a ser un mediocre, pero me gusta. Creo que no obtendría satisfacción publicando, así vendiera un millón de ejemplares, aunque eso me cambiaría la vida económicamente. La satisfacción que vale es la de saber que hacés algo valioso.
Cuásar: Publicar en las revistas de ciencia ficción con cierta regularidad ¿no te condiciona?
TC: No, al contrario. La ciencia ficción es un fenómeno que todavía está en formación. Es algo extraordinario; no en su totalidad, porque hay más cosas malas que buenas… hay mucha gente que no puede escribir, que no sabe lo que es la esencia artística, pero la ciencia ficción tiene el germen de una revolución en el terreno literario estético. Es una revolución que todavía no ha sido comprendida por la literatura tradicional y lo que se llama el establishment. La ciencia ficción ha abierto una serie infinita de posibilidades.
Cuásar: Esa riqueza de posibilidades no suele ser coherente con las limitaciones literarias de la inmensa mayoría de los escritores de ciencia ficción.
TC: Sí, es algo muy frustrante. Hay algunos que tienen ideas fascinantes aunque están muy mal escritas. Lo que pasa es que la materia está mal trabajada; hay una buena idea para una historia pero no hay oficio, entonces se malogra esa idea. La ciencia ficción produjo una ruptura con la literatura tradicional, una ruptura muy extraña. No estoy hablando de la primera ciencia ficción, que era muy elemental, tosca y ridícula, sino de otro tipo de cosas como las del Ballard de la primera época, que creó universos muy particulares, como no hay en el resto de la literatura. Lo mismo pasa con otros autores, como Jack Vance, Cordwainer Smith –quien ha creado un universo extraordinario que la literatura general ha ignorado totalmente-, y muchos otros. El mismo Clarke tiene una literatura formidable por su previsión del futuro, por su claridad.
Cuásar: ¿La literatura general está agotada?
TC: El genio literario nunca está agotado. Renueva todo con los mismos parámetros anteriores. Lo que ocurre es que genios literarios hay muy pocos en un siglo. Esta segunda mitad del siglo, con sus grandes cambios, ha perdido la tradición de los genios literarios. Se han introducido técnicas de escritura que han echado al suelo la novela tradicional, que ya estaba siendo repetitiva, y sólo un escritor de enorme talento puede darle nueva vida. El individuo que tiene un talento respetable sigue escribiendo lo mismo que en el siglo pasado o principios de éste.
Cuásar: ¿Qué papel  juega el realismo mágico en estas circunstancias?
TC: Es una tendencia que intentó imprimir algo nuevo en la literatura. García Márquez es un gran talento, un notable estilista que ha buscado formas nuevas, y eso es valioso. Es muy difícil encontrar algo nuevo que llame la atención y que agrade estéticamente.
Cuásar: ¿Y la ciencia ficción argentina?
TC: En los muchos cuentos de ciencia ficción argentina que leí [se refiere a las historias que participaron del Concurso Más Allá de cuentos inéditos en las tres ocasiones en que fue jurado], hay una fuerte tendencia por buscar caminos propios, desprendiéndose de la ciencia ficción clásica. Es como una fusión de la ciencia ficción clásica, del realismo mágico y de la literatura de Borges. Borges es como un mojón en el camino de cualquier escritor, algo inmenso. Hay una tendencia hacia eso, pero no creo que sea muy deliberado.
Cuásar: Esta fusión de la que hablás es fácil de detectar en parte de tu obra, pero no resulta así en la de otros autores del medio.
TC: Lo que pasa es que yo estoy en esto desde hace más años que la mayoría de los demás. Puede ser que también haya un poco más de esfuerzo de mi parte por rabias, pero no rabias vulgares sino rabias profundas que canalizo hacia la literatura. Pero pienso que la fusión es una tendencia que se ve en los cuentos que he leído en los concursos. Si bien casi todos estaban mal redactados, hay material para trabajar. De esos cien o doscientos escritores, un diez por ciento puede seguir escribiendo por vocación, lo que es una tarea durísima e ingrata, y se irán perfeccionando durante décadas, y tal vez alguno de ellos deje una obra consistente, aunque nunca publique o lo haga en estas revistas.  
Cuásar: ¿Cuáles son tus referentes literarios?
TC: Son muchos. Básicamente me gusta el escritor rebelde y profundamente inconforme. Leo especialmente a los escritores satíricos como Henry Fielding, el autor de Tom Jones, también a Swift, y a Quevedo y Cervantes en español. Todos ellos son grandes pilares de la literatura. Del siglo pasado hay dos escritores que me parecen lo más importante que ha dado la literatura, incluso más grandes que Homero: Balzac y Tolstoi. No eran ni satíricos ni rebeldes, pero eran grandes. Otros que me gustan son Bierce, Celine, Borges. Éste es el mayor escritor en lengua española, más grande incluso que Cervantes, y eso es mucho decir. Otros que me agradan son Quiroga, Arlt y Felisberto Hernández. Estos cuatro son lo más importante surgido en la literatura rioplatense. Onetti también, por la coherencia de su obra. Hay otros que seguramente olvido.
Cuásar: Dentro de lo que se está haciendo aquí en la ciencia ficción y la fantasía ¿qué es lo más interesante que ves?

TC: Hay muchos escritores que tienen talento, pero ninguno está realizado todavía. Los más conformados son Carlos Gardini y Mario Levrero; tienen una obra unificada, y una personalidad. El tiempo dirá el valor de cada una. Hay muchos escritores jóvenes que prometen, pero están en pleno proceso de conformación. Algunos de ellos llegarán, otros no. Entre los más interesantes están Carletti, Alzogaray, Sayegh, Balhario, pero todavía tienen problemas para solucionar. Carletti, por ejemplo, piensa demasiado en tecnología y poco en términos más humanísticos. Lo primero es lo humano, aún en la ciencia ficción, y después viene lo demás. Todos los buenos escritores consideran lo humano en primer lugar, como Dick, Smith, Ballard, Le Guin. Si no hay conflicto humano no hay literatura. Smith tiene cuentos inigualables donde aparece el sufrimiento humano como no lo he visto en otros cuentos. Carletti parece que quiere hacerlo, pero todavía le falta el manejo de la técnica. El tiempo lo irá perfeccionando si es que llega a trascender. Otros escritores interesantes son Oviedo y Antognazzi, pero éste tiene el problema de cierta facilidad para escribir y le falta pulir el buen gusto. A veces incurre en cosas de mal gusto, pero está en formación. Todo esto es según mi punto de vista. La mayoría de ellos están comenzando, ni siquiera ha publicado un libro. Seguramente hay otros que olvido.
Cuásar: ¿El escritor tiene que tener un rol social?

TC: Para mí es una cuestión bastante sencilla. El escritor es un individuo, y su trabajo es individual. Escribe y reescribe un texto un año o diez, y finalmente lo ofrece a los lectores, que lo valoran. No tiene ninguna obligación con su pueblo, ni con ningún tipo de política, porque tanto los gobiernos como las políticas, e incluso los pueblos, pasan, pero las obras de arte perduran. Eso sí, lo que no puede hacer es sustraerse de tal modo que los problemas del mundo no pasen por su sensibilidad y, a través de ella, alcancen su obra. Sería inhumano, propio de una máquina. Si un individuo la pasa muy mal económicamente y escribe, eso se sentirá en su obra. Lo mismo si es rico, saludable y bello (una de las mayores riquezas después de la salud es la belleza física). La del primero será una literatura pesimista, oscura; la otra será luminosa, optimista. Pero por otro lado los individuos felices raramente hacen arte: está históricamente comprobado que todos los grandes escritores han tenido unas vidas calamitosas. Es como si el sufrimiento abriera las puertas de una alta sensibilidad, y a través de ellas se alcanzara el fenómeno artístico. Es una ley no escrita.

Publicada en Cuásar nº 18 (febrero 1989), que incluye dossier sobre Tarik Carson. Además de la entrevista, incluye la novela corta "El estado superior de la materia", una nota de Claudio Barbeito y una bibliografía de la obra del autor uruguayo.

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