miércoles, 2 de noviembre de 2016

Tres cartas de H. P. Lovecraft

Lovecraft fue un prolífico corresponsal que, según estimaciones de L. Sprague de Camp y S. T. Joshi, llegó a escribir unas cien mil cartas, de las que se conservan unas veinte mil. Entre 1965 y 1976, Arkham House publicó Selected Letters en cinco volúmenes, una selección realizada por August Derleth, Donald Wandrei y James Turner con 930 cartas. En años recientes Joshi preparó varios pequeños volúmenes con más material, pero el gran corpus de las cartas permanece inédito, y probablemente así siga puesto que la publicación completa demandaría unos 200 volúmenes similares a los producidos por Arkham. Estas tres cartas pertenecen a las selecciones de Joshi.

A Frank Belknap Long[1]
Calle Barnes 10
Providence, R. I.
20 de mayo de 1926
Mi Señor:
            Me siento honrado más allá de mis expectativas por la atención que le ha prestado a mis últimas comunicaciones, y asombrado al escuchar que tan exiguo tema pudiera suministrar material para una autopsia tan exhaustiva como su crónica. Me da pena saber que tan notable sabiduría y picante discusión fue desaprovechada en un ser de semejante insignificancia, o reflexionar que usted se tomó el trabajo de recuperar y volver a unir la disjecta membra[2] del corpus delicti, después de que estuviera completo el proceso de cortar en tiras y el análisis microscópico. En cuanto a las opiniones que expresan interés en mis partes, y diría que, además del error habitual de atribuir algo de genio a un simple y anciano caballero, caprichoso y malhumorado, Mortonius y Samuelus[3] están profundamente extraviados cuando endilgan carga mítica o excelencia intelectual. La verdad es que realmente soy muy enfáticamente no intelectual, diría que casi positivamente antiintelectual. Aborrezco las matemáticas, no me interesan los desafíos de ingenio mental, no tengo especial rapidez en el aprendizaje, y ciertamente no me distingo por poder manejar con mi mente los distintos componentes de un asunto complejo. La afición por la lógica y el análisis es simple estética, un deseo de ordenar y clasificar las cosas según pautas cuya configuración poseerá, en el reino de las ideas, lo que la belleza de la forma decorativa posee en los tangibles objetos del arte y de la naturaleza en el reino de la materia. Es verdad que admiro y respeto tremendamente el intelecto, pero no es verdad que lo posea. Mis deseos más profundos e instintivos tienen que ver con formas y pautas, o sea, efectos de la línea y el color en el paisaje y la arquitectura, o del contraste dramático y la asociación en los fenómenos del tiempo y el espacio, etc., y no con cantidades y causalidad, y el mismo amor que siento por la claridad científica es esencialmente cualitativo e impresionista más que una pasión sincera y filosófica por la verdad. No siento nada de entusiasmo por abstracciones vagas como “verdad” o sobre opiniones relativas y locales como “lo correcto”. Lo que cautiva mis intereses y deseos es una cierta armonía artística determinada por prejuicios hereditarios, ambientales e individuales que he hecho míos, una armonía que reclamo para mí mismo sólo en el territorio de la estética, sin ningún intento inútil de racionalizarla o de investigarla con algún significado absoluto o cósmico. ¡Pero por favor! ¡Qué plétora de especulaciones inútiles sobre un simple viejo cuyas únicas cualidades sobresalientes son su amor a los tiempos antiguos, su afición por los fantasmas, y un saludable aprecio de su suelo nativo, cosas que se encontraban en tres cuartas partes de los escuderos rurales de la Vieja Inglaterra!
            El bosquejo del señor De la Mare me recordó que no he leído aún sus elucubraciones en prosa, algo que realmente tengo que hacer antes de darle a mi artículo su forma final. He sido de la opinión de que el señor D. comparte cierta insipidez caprichosa con el señor Barrie, pero es muy posible que sus fantasías tengan también la sombría sugestión del señor Blackwood. En cualquier caso, el que manifieste interés en lo extraño sobrenatural tendrá que leerlos. Como declaré en una ocasión anterior, la principal ventaja al escribir este artículo es que el proceso me obliga a leer aquellas cosas que siempre tuve la intención de examinar, pero que posponía indefinidamente. A propósito, el irresponsable de Henneberger[4] ahora está atacándome con pedidos de autorización para enviar algunos de mis relatos a editoriales. Lo dejaré hacerlo para mantenerlo tranquilo, sin embargo le voy a advertir que no puedo asumir ninguna responsabilidad financiera, y que no le extiendo ningún poder para hacer un contrato. Wright[5] es un promotor entusiasta y prescindió generosamente de todos los derechos para editar en libro de mis relatos publicados en Weird Tales. Henneberger cree que puede ‘enganchar’ los relatos, no por sus propios méritos, sino garantizando la venta de 500 ejemplares del libro (los lectores de W. T., ¡el gran público ‘literario’!), y ofreciendo publicidad gratuita en la revista. Bien, no puede decirme que no le avisé, pero tengo tan poca fe o interés que decliné en volver a pasar a máquina los relatos inéditos que él necesitaba, le envié a Henny el lote tal como estaba, y lo dejé copiar el material (¡un proceso que afirma que disfrutó!) lo mejor que pudo. En cuanto a Weird Tales, le dejé a Wright “El terrible anciano”, y tiene la intención de usarlo. “Él” aparecerá (creo) en el número que sale el 1 de agosto, y “El horror en Red Hook” más tarde. El honesto de Farnie, con la ingenua confianza de un hombre poco sofisticado del mediooeste, me pide que no incluya en el libro nada del material aceptado pero aún sin publicar en Weird Tales. ¡Le aseguré que no lo haría!
Tu obediente Abuelo
H P



A Wilfred Blanch Talman[6]
Calle Barnes 10
Providence, R. I.
24 de agosto de 1926
Mi querido Talman:
            En cuanto a lo que significa “extraño sobrenatural” —y por supuesto lo extraño no está limitado al horror—, tengo que decir que se trata de una fuerte impresión por el suspenso de las leyes naturales o la presencia de mundos o fuerzas desconocidas muy cerca. Las mentes con distintas perspectivas o grados de sensibilidad reaccionan de forma diferente a un mismo relato. Para mí, “El pozo y el péndulo” no contiene nada de auténtica extrañeza sobrenatural salvo unos toques atmosféricos preliminares. Los horrores son demasiado físicos y de simple origen humano. El mejor relato de Poe —y tal vez el mejor relato extraño sobrenatural de todos los tiempos— es para mí “La caída de la casa Usher”. En segundo lugar está “Ligeia” y, por supuesto, “Los hechos en el caso del señor Valdemar”, anticipación de un espantoso cataclismo definitivo. “Manuscrito encontrado en una botella” y las últimas partes de “Arthur Gordon Pym” tienen un aura extraña y potente de misterio y expectación, y hay detalles en “Metzengerstein” que pocos además de Poe podrían lograr. En el reino de la poesía en prosa sombría y pura, que une el horror y la belleza, nada puede superar a “La máscara de la muerte roja”, “El silencio: una fábula” y “La sombra: una fábula”.
Su más obligado y obediente servidor.
HPL


A August Derleth[7]
Calle Barnes 10
Providence, R. I.
11 de enero de 1927
Mi estimado señor Derleth:
            Leí Anna Karenina varios años atrás, pero no puedo decir que me haya gustado mucho, en realidad nada de Tolstoi me ha gustado. En mi opinión, Tolstoi es enfermantemente empalagoso, con un interés desproporcionado en cuestiones sociales y éticas. Por supuesto, eso es algo típico en la literatura eslava, pero otros autores rusos muestran mucho menos de este descuido en proporción a su genio y a la perspicacia en el detalle de carácter. Si le interesa lo mejor de la literatura rusa, pruebe con Crimen y castigo, un auténtico logro épico.
            Muy cordial y sinceramente suyo,
HPL

Traducción y notas: Luis Pestarini

[1] Long (1901-1994) formó parte del llamado Círculo de Lovecraft desde sus inicios. Poeta y narrador, escribió algunos de los primeros relatos relacionados con los Mitos de Cthulhu, como “The Hounds of Tindalos” (1931), antes de producir una extensa lista de relatos de ciencia-ficción y terror de escaso valor.
[2] En latín, fragmentos dispersos.
[3] Se refiere a James F. Morton y Samuel Loveman, corresponsales de Lovecraft.
[4] J. C. Henneberger fue el fundador de Weird Tales en 1923. Esta publicación editó la mayor parte de los relatos de Lovecraft en sus primeras ediciones y se convirtió en un medio fundamental para la difusión del relato macabro popular.
[5] Farnsworth Wright (1888-1940) fue director de Weird Tales desde el número 13 de la revista (1924) hasta pocos meses antes de morir.
[6] Talman (1904-1986) publicó ocasionalmente relatos y poesías entre 1927 y 1933, entre los primeros una colaboración con Lovecraft: “Two Black Bottles” (1927).
[7] Derleth (1909-1971) fue un prolífico escritor que actualmente es recordado por haber sido, junto con Donald Wandrei (1908-1987), fundador de Arkham House (1939), cuya labor inicial fue preservar y difundir la obra de Lovecraft. Escribió numerosas “colaboraciones póstumas” basadas en fragmentos y resúmenes argumentales escritos por Lovecraft.

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